Zahhak era un príncipe ambicioso al que sedujo el espíritu maligno Ahrimán. Siguiendo su consejo, mató a su propio padre para ser rey. Más tarde Ahrimán se disfrazó de cocinero y pidió como única recompensa besar los hombros de Zahhak. Donde sus labios tocaron la piel brotaron dos serpientes negras. Las cortaron, pero volvían a crecer. Ahrimán, ahora disfrazado de médico, aconsejó alimentarlas cada día con los sesos de dos jóvenes.
Durante mil años Zahhak gobernó con miedo y sangre. Dos valientes cocineros, Armayel y Garmayel, salvaban en secreto cada día a uno de los dos jóvenes y mezclaban en su lugar sesos de cordero. Los salvados huyeron a las montañas; según la leyenda, fueron los antepasados de los kurdos.
El herrero Kaveh ya había perdido diecisiete hijos por las serpientes cuando vinieron a por el último. Irrumpió en el palacio, rompió el documento en el que los nobles debían atestiguar la justicia de Zahhak y ató su delantal de cuero a una lanza. Bajo ese estandarte, llamado después Derafsh-e Kaviani, se reunió el pueblo. Encontraron al joven Fereydún, descendiente de Jamshid, que venció a Zahhak con su maza con cabeza de toro y lo encadenó en el monte Damavand.