Zal y el Simorgh

زال و سیمرغ

El héroe Sam esperó mucho tiempo un hijo. Cuando por fin nació, el niño era sano y hermoso, pero tenía el pelo blanco como un anciano. Sam sintió vergüenza ante la gente y creyó que el niño era obra de los demonios. Hizo abandonar al bebé al pie de los montes Alborz.

Allí lo encontró el Simorgh, un ave enorme y sabia que anidaba en la cumbre. En lugar de darlo de comer a sus crías, el Simorgh se compadeció y lo crio con sus propios polluelos. El niño se convirtió en un joven fuerte e inteligente, y las caravanas que pasaban junto al monte hablaban de él.

Años después, Sam vio en sueños a un mensajero que le reprochaba: ¿cómo había podido repudiar a su propio hijo? Arrepentido, viajó al Alborz y pidió perdón. El Simorgh le bajó al joven y, al despedirse, le dio algunas de sus plumas: en caso de necesidad debía quemar una y el Simorgh acudiría enseguida. Sam llamó a su hijo Zal, el de pelo blanco. Las plumas salvaron más de una vez a la familia, también a Rostam, el hijo de Zal.

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