Jamshid y el primer Nowruz

جمشید

Jamshid fue uno de los primeros reyes del mundo y poseía el farr, el resplandor divino que rodea a los soberanos legítimos. Enseñó a los hombres a forjar armas, tejer telas, construir casas y preparar medicinas. Dividió al pueblo en estamentos para que cada uno tuviera su tarea, y bajo su reinado el mundo no conoció enfermedad ni miseria durante trescientos años.

Un día mandó construir un trono enjoyado que los demonios elevaron hasta el cielo. Flotaba sobre el mundo como un segundo sol. Era el primer día del mes de Farvardín, y la gente celebró aquel día nuevo con música y vino. Desde entonces se llama Nowruz, el día nuevo, y se celebra cada primavera.

Pero el éxito se le subió a la cabeza. Reunió a los grandes del reino y proclamó que todo el bien del mundo procedía solo de él y que debían adorarlo como a su creador. En ese instante el farr lo abandonó. Los nobles le dieron la espalda, el país se hundió en el caos y el tirano Zahhak se hizo con el poder. Jamshid tuvo que huir y acabó capturado. Ferdousí extrae una lección que aún se cita: la soberbia destruye incluso al rey más grande.

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